28 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
11 Octubre 2026
28 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
11 Octubre 2026
Para comprender el sentido de la parábola que escucharemos hoy, esta explicación de los Carmelitas nos puede ayudar:
«Tenemos que reconstruir el escenario social al que hace referencia.
En primer lugar, que se trata de un banquete.
Las comidas tenían una importante función social, pues eran ceremonias a través de las cuales se informaba el estatus de las personas y su lugar dentro de la escala social.
Los banquetes eran también un medio para estrechar lazos, para afirmar alianzas y relaciones.
El estatus de una persona podía muy bien medirse por la gente que frecuentaba su mesa.
En ocasiones muy especiales, como la boda de un hijo, la selección de los invitados era minuciosa; sobre todo se cuidaba la invitación a personajes importantes, porque su presencia contribuía a realzar el estatus y el honor de la familia.
Leída en este contexto, lo más sorprendente de la parábola es que los invitados se nieguen a participar.
Rechazar una invitación como esta era algo casi impensable, y suponía una ofensa grave a quien invitaba.
El rey de la parábola responde invitando a todos los que se encuentren por los caminos, gente que nunca se habría sentado a la mesa de un rey.
Esta lectura de la parábola es coherente con un dato importante de la vida de Jesús: sus comidas con los pecadores y recaudadores de impuestos, que le acarrearon duras críticas.
Es muy probable que Jesús, a través de esta parábola, intentara responder a la acusación de haber invitado al banquete del reino a todo tipo de personas.
La parábola habla también del rechazo de su mensaje por parte de los líderes del pueblo y de la acogida que le dispensaron los marginados: pecadores, prostitutas, etc.
Los primeros cristianos profundizaron en el sentido de la parábola desde su situación. Vieron en ella la explicación de una nueva circunstancia: la buena noticia era mejor acogida por los paganos que por los judíos».
LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN MATEO 22, 1-14
«En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
"El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
'Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Vengan a la boda'.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás agarraron a los criados, los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
'La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encuentren, convídenlos a la boda'.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?'.
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:
'Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación'.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos"».
Palabra del Señor.
R: Gloria a ti, Señor Jesús.
En el evangelio de hoy, Jesús, a través de esta parábola, nos sigue descubriendo cómo experimenta, cómo vive a Dios.
Y cuando lo escuchamos y sus palabras llegan realmente a nuestro interior, algo sucede dentro de nosotros... Dios no es como lo imaginamos; es más, mucho más...
«Jesús dedica su vida entera a difundir la gran invitación de Dios: "El banquete está preparado. Vengan". Este mensaje configura su modo de anunciar a Dios. Jesús no predica doctrina, despierta el deseo de Dios. No impone ni presiona. Invita y llama. Libera de miedos y enciende la confianza en Dios. En su nombre, acoge a su mesa a pecadores e indeseables. A todos ha de llegar su invitación» (Pagola).
1.- Jesús no solo hablaba así de Dios, sino que él mismo lo ponía en práctica, pues invitaba a su mesa y comía con los rechazados por la sociedad de ese tiempo; de su mesa nadie era excluido.
¿Y yo, a qué personas invito normalmente a mis fiestas?...
¿Cuáles son las personas que no son aceptadas en mis fiestas?... ¿por qué?
¿Algún día podré invitar a compartir la mesa a esa persona que me ofendió... que me cae mal... que siento inferior a mí... que quizás huela mal... que trabaja en mi casa... que vende cosas en los semáforos... que no me va a dar más estatus ni ganancias?...
2.- Jesús también nos habla de un vestido de boda, ¿cuál será ese vestido?...
En la carta de Pablo a los Corintios 13, 2-8 podemos encontrar la clave:
«Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo caridad, no soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, no me sirve para nada.
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no hace alarde, no se envanece,
no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,
no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
La caridad todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
La caridad no acaba nunca».
¿Descubriste cuál es el vestido?...
3.- Cuando vamos a celebrar la Eucaristía, a compartir la mesa del Señor, ¿vamos vestidos de fiesta, es decir, con cara alegre, felices de compartir con los hermanos el pan que nos nutre y nos da vida en abundancia?...
¿Salimos llenos del amor de Dios y comprometidos a ser constructores de un mundo donde reine el amor?...
Si no es así, es que no tenemos puesto el traje de fiesta adecuado.
++ Terminemos nuestra reflexión con esta oración que nos ofrece Javier Leoz:
SI ME INVITAS, YO QUIERO IR... SEÑOR
Porque necesito disfrutar y sentir,
aun en medio de tantas dificultades y penas,
un momento de dicha y de fiesta,
de alegría y de amistad,
de plenitud, paz y reconciliación conmigo mismo.
SI ME INVITAS, YO QUIERO IR... SEÑOR
Pero bañado con el traje del amor,
inundado con la fuerza de tu presencia,
calzado con el espíritu de las bienaventuranzas.
SI ME INVITAS, YO QUIERO IR... SEÑOR
¿Me dejarás compartir tu mesa, Señor?
Es tanto lo que me falta para ser un perfecto invitado.
Digo amor, y mis obras se quedan en un vacío pregón;
pretendo la justicia, y me busco a mí mismo;
añoro un mundo nuevo, y lo pienso sin Ti;
trabajo por sobrevivir, y no siempre lo hago mirando al cielo.
¿Aún sigues empeñado en invitarme, Señor?
SI ME INVITAS, YO QUIERO IR... SEÑOR
Haz que tu convite llegue al lugar donde yo pueda responder:
a mi corazón, para que solo sea para Ti;
a mi alma, para que sienta que vives en mí;
a mi caminar, para que no me sienta solo ni desamparado;
a mi trabajo, para que mis ocupaciones no me alejen de Ti.
SI ME INVITAS, YO QUIERO IR... SEÑOR
Haz que mis palabras suenen a fiesta de fe;
haz que mis pasos no se alejen de tus caminos;
haz que mi semblante sea agradecido por la fiesta convocada.
SI ME INVITAS, YO QUIERO IR... SEÑOR
Contigo, aquí en la tierra, y un día... ojalá en el cielo.
Contigo, aquí en el dolor, y un día... en el gozo eterno.
Contigo, aquí en las dudas, y un día... en la gran verdad que me espera.
Contigo, aquí en las sombras, y un día... ante el rostro del Padre.
Amén.
++ Durante esta semana podríamos darnos un rato para ir a compartir la Eucaristía (Misa), no por obligación, sino por el gusto de vivir ese momento.
VIDEO:
Por Charles Chaplin: «Cuando alguien me invite a su banquete...».
Un corazón abierto y compasivo ha de estar atento a las necesidades de los otros.
Consultados: J.A.Pagola, José María Martín, Lectura Orante Carmelitas, Dolores Aleixandre.
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