Domingo 13º del Tiempo Ordinario
28 JUNIO 2026
Domingo 13º del Tiempo Ordinario
28 JUNIO 2026
¿Cómo puedo recuperar la esperanza?
¿Puedo ayudar a otra persona a recuperar la esperanza? ¿Cómo?
Si estoy comprometida en anunciar y contagiar la Buena Noticia de Jesús, ¿qué camino seguir?
No se puede servir a dos señores. Y mucho menos a tres, cuatro o los que se nos antojen. Pero lo hacemos.
El culto a nuestra imagen
¿Cuánto tiempo gasto en cultivarla?
El afán de prestigio
¿Cuánto invierto en sobresalir en lo que sea para despertar admiración?
El apego desordenado a las personas
¿Qué tan difícil me es desprenderme de los afectos?
Oración al Padre
Padre Bueno, tu Palabra habita en el mundo por medio de la venida de tu Hijo Jesús. Él la ha anunciado con sus enseñanzas, pero sobre todo con sus obras y el don de su vida.
Nos prometió la ayuda del Espíritu para que pudiésemos recordar todo lo que había dicho y comprender más profundamente el significado y la verdad de su Palabra.
Padre, envíanos hoy tu Espíritu Santo.
Reflexión de Fray Marcos
La manera de hablar semita, en la que por contrastes, mientras más excluyentes eran, mejor, nos puede jugar una mala pasada si entendemos las frases literalmente. Lo que es bueno para el cuerpo, es bueno también para el espíritu. La lucha maniquea que nos han inculcado no tiene nada que ver con la experiencia de Jesús.
El Evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista. No podemos tratarlos todos. Vamos a detenernos en el primero: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí».
Sería interminable recordar la cantidad de tonterías que se han dicho sobre el amor a la familia y el amor a Dios. El amor a Dios no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas, mucho menos con el amor a una madre, a un padre o a un hijo. Jesús nunca pudo decir esas palabras con el significado que tienen para nosotros hoy. Como siempre, el error parte de la idea de un Dios separado, Señor y Dueño, que plantea sus propias exigencias frente a otras instancias que requieren las suyas.
Ese Dios es un ídolo, y todos los ídolos llevan al hombre a la esclavitud, no a la libertad de ser él mismo. Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Cristo. En el Evangelio de Juan está muy claro: «Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros como yo los he amado».
Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios amando a los demás, amándome a mí mismo como Dios manda. Jesús no pudo decir: «Tienes que amarme a mí más que a tu hijo». Recordemos: «Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber...»
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (10, 37-42)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque solo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».
Palabra de Dios.
R: Gloria a ti, Señor Jesús.
Ecos de la Palabra y Cuestionamientos
El que quiera seguir a Jesús tiene que estar libre de trabas. Estar disponible. El apego a cualquier cosa es lo que te puede impedir ser realmente tú mismo. No son las posesiones o las relaciones sociales lo que impiden el seguimiento, sino el estar apegado a cualquier cosa que te limite.
¿Puedo dejar todo? ¿Me siento realmente libre?
Jesús antepone las exigencias del Reino a la Ley que obliga a atender a los padres en su ancianidad. La Ley debe ser superada por una total disponibilidad hacia todos, no solo hacia los seres queridos.
¿A quién me sería imposible dejar? ¿Por qué?
¿Puede haber algo o alguien que me sujete y me impida permitir que Dios sea el primero y esté a cargo de mi vida?
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el Reino de Dios».
Despedirse de su familia no debemos entenderlo como un simple «decirles adiós». En aquella época, despedirse era dedicar días o semanas a celebrar la separación. Jesús quiere resaltar la apertura integral a todos los seres humanos: ahora toda la humanidad es mi familia. A veces el círculo familiar es la excusa donde oculto un egoísmo amplificado que me impide darme a todos.
¿Estoy dispuesto a ayudar a todos... sin condiciones?
¿Qué excusa pongo para no hacerlo? (No tengo tiempo, no puedo ayudar a todos porque se me acaba, etc.).
El Papa Francisco nos ha advertido de algo que está pasando hoy en la Iglesia:
«Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, sacándonos de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados y egoístas, para abrirnos a los suyos».
Examen de Conciencia
La idea que tiene Jesús sobre sus seguidores es muy diferente, a veces, de la que tenemos nosotros. Hagamos un momento de silencio e imaginemos que Jesús se acerca, me mira a los ojos y me dice: «SÍGUEME...»
¿Qué voy a contestarle?
Si le digo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero...» ¿con qué completaré la frase? ¿«Acabar este proyecto tan importante»? ¿«Estoy muy ocupado»? ¿«Mira, lo haré en cuanto tenga resuelta mi situación económica»? ¿«Ya voy a misa los domingos»?
¿Qué excusa voy a darle?
¿Qué relación quiero establecer con Él?
¿Quizás debería preguntarme si, cuando pienso en Jesús, se remueve algo en mi interior?
¿Si estoy dispuesto a mirar hacia los demás en lugar de mirarme solo a mí mismo?
Seguir a Jesús es ir con la sencillez con la que Él iba. Nosotros vivimos en la comodidad y nos cuesta trabajo renunciar a ella; también significa dejar muchas de las cosas que nos atan y condicionan.
¿Estamos dispuestos a dejarlas atrás para seguir a Jesús?
Oración Final (Javier Leoz)
Si me llamas, Jesús, que responda: ¡Sí!
Si veo el mundo vacío de Ti,
que yo lo llene de tu amor.
Si me invitas a tomar la cruz,
que la coja sin temor.
Si pronuncias mi nombre,
que no piense que va por otro.
Si me cuesta dar,
que piense en lo mucho que Tú me ofreces.
Si me exiges seguirte de verdad,
que no busque mil excusas para no hacerlo.
Si observas mi vida cristiana,
que la encuentres como Tú quieres.
Si necesitas mi voz,
aprovéchala para que seas conocido.
Si necesitas mis pies,
anímalos para recorrer tus caminos.
Si necesitas mi inteligencia,
confórmala con el Evangelio.
Si necesitas mis ojos,
que mire con alegría al futuro.
Si necesitas mi corazón,
transfórmalo con tu verdad.
Si no estás de acuerdo con algo de mi vida,
dame un poco de tiempo.
Si me ves agitado porque no recojo frutos,
cálmame con la esperanza.
Amén.
Propósito semanal: Durante esta semana puedo empezar con pequeños compromisos; por ejemplo, estar atento a lo que necesitan las personas que están cerca de mí y ayudarlas.
VIDEO: El PODEROSO Himno de Valentía contra el MIEDO
Consultados: J.A.Pagola, Fray Marcos, Lectura Orante, Espacio Sagrado, Dolores Aleixandre, Dolores López, Carmelitas, Javier Leoz, Taller de la Serenidad.
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