Domingo 15º del Tiempo Ordinario
12 JULIO 2026
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¿Qué es una parábola?…
Es una comparación en la que se utilizan hechos o historias bien conocidos para que el oyente, con su participación y su experiencia, descubra algo desconocido, que en el caso de Jesús es el Reino de Dios. La parábola nace de la vida, de la experiencia diaria.
La parábola del Evangelio de hoy describe una situación real que refleja las técnicas agrícolas que se utilizaban en Palestina en tiempos de Jesús (se sembraba antes de arar la tierra; eso explica que parte de la semilla cayera fuera del terreno cultivable).
Lo más llamativo de la parábola no es cómo es acogida la semilla, sino la magnífica cosecha que produce la que cae en tierra buena.
Teniendo presente que por entonces en Palestina una cosecha del siete por uno era considerada una buena cosecha, el treinta, sesenta, ciento por uno de que habla la parábola debió resultar exagerado y sorprendente a los oyentes de Jesús.
Este es el detalle que les haría reflexionar.
Leer el texto del Evangelio de hoy de Mateo.
Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva.
Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.
Leerlo una segunda vez.
«Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía:
«El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron enseguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!».
Los discípulos se acerarcon y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?». Él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden.
Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: "Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure".
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta enseguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno».
Palabra de Dios
R: Gloria a ti, Señor Jesús.
El capítulo trece ocupa un lugar importante en el Evangelio de Mateo. El capítulo anterior nos hablaba del rechazo a la misión de Jesús; el presente buscará explicar por qué el Reino de Dios puede ser discutido o ignorado por algunas personas y aceptado por otras. El pasaje de hoy nos trae la parábola más desarrollada de este capítulo.
El tema de nuestra parábola, como de todo el discurso en las parábolas en el capítulo 13, es el Reino de Dios. Jesús no quería dividir a las personas en buenas y malas. Todos somos tierra y tenemos la potencialidad para desarrollar plenitud de humanidad.
- ¿De qué depende la cosecha?… El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado, ya que su interés no es conservar sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela.
El otro elemento decisivo, el terreno, responde de diferente manera según la 'calidad' de la tierra. La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor decisivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero no siempre el terreno, que responde de manera desigual.
"Sembramos y no vemos los frutos esperados":
¿Sucede así a veces en nuestra comunidad?…
¿De qué manera esta parábola responde a quienes, desanimados, no ven llegar los frutos del Reino que Jesús anunciaba?…
Los peligros señalados por Jesús a sus discípulos sobre la acogida de la Palabra:
¿Nos tocan también a nosotros… la inconstancia… la negligencia… la pereza… el ansia por el futuro… las preocupaciones cotidianas?…
¿Qué dice hoy la parábola a mi comunidad? ¿Qué terreno presenta?…
Dios ha sembrado su palabra en mi vida:
¿Cómo la he acogido?…
«Una madre del interior del país tenía tres hijos studying en la universidad. Después de las vacaciones les regaló a cada uno una planta para que alegrara sus habitaciones en la gran ciudad de cemento.
Al final del curso fue a ayudarles a recoger sus cosas. En la habitación del hijo mayor estaba la maceta, pero sin la planta. Y explicó él: —Ay, mamá. Me olvidé de sacarla de la caja y, cuando la saqué, ya estaba muerta.
El segundo hijo tenía la planta en una estantería, pero estaba también seca. —Mira, mamá. La planta estuvo muy hermosa hasta los exámenes y las fiestas, pero entonces me olvidé de regarla.
Pero la planta del tercer hijo estaba verde y hermosa. —«¡Qué belleza!», dijo la madre. «Tú no mataste la planta». —Claro que no. La planta me recordaba tu cariño y yo sabía que tú querías que la regara todos los días. Y, ya ves, ha crecido mucho». (Félix Jiménez)
Hoy Jesús nos cuenta una historia parecida: la del sembrador que sembró en diversos tipos de tierra. La semilla que más produjo fue la que fue recibida con amor y mucho aprecio, es decir, la que cayó en buena tierra.
++ Podemos leer de nuevo la parte del Evangelio en que Jesús explica lo que significa la parábola: Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador…
Un ejemplo:
El joven rico, tan apegado a la riqueza, que no sigue a Jesús.
Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que piden los primeros puestos en el Reino de Jesús, y los demás apóstoles que se molestaron porque se les quisieron adelantar.
- ¿En qué personas se sembró bien la Palabra?…
En María, que creyó en el cumplimiento de la Palabra del Señor y se puso en camino para ayudar a Isabel, y también acompaña a Jesús hasta la muerte en la cruz.
En los apóstoles, que dejaron todo por seguir al Maestro.
En la samaritana, el geraseno, Pablo…
También nosotros podemos serlo. Si tenemos esta disponibilidad de María y de los apóstoles, las parábolas de Jesús y todas las palabras de Dios podrán cambiar nuestra vida.
¿Estoy dispuesto(a) a que la Palabra de Dios cambie mi vida?…
¿Cuál es el mensaje del texto para mi vida hoy y qué puedo hacer en concreto para que se haga realidad?…
Dicen los orientales: “Si ves diferencias entre Dios y tú, no has entendido”.
¿Para qué buscas a Dios en tantos lugares si siempre ha estado en tu corazón?…
¿Por qué lo sientes distante si nunca se ha separado de ti?…
¿Para qué pides perdón en lugar de corregir, pues ya estás perdonado antes de solicitarlo?… (C.C.)
(Fray Marcos)
"El resto cayó en tierra buena y dio grano". "Dios no da el Espíritu con medida" (Jn 3, 34).
Dios se da totalmente, absolutamente, siempre y a todos. Experimenta esta verdad y cambiará tu vida.
Descubrir a Dios como amor dinámico es la base de toda experiencia religiosa. Todo lo que Dios es, lo tienes a tu alcance. Todo lo que tú eres y puedes ser, depende de ese don.
Recibe la semilla y deja que se desarrolle en ti. No intentes tirar de ella para que crezca más deprisa. Todo crecimiento tiene su propio ritmo. Ten confianza, en la semilla ya está el árbol completo.
Reflexiono y rezo. Respondo.
(José Ma. Rodríguez Olaizola, sj)
¿Qué me quieres decir, Señor?
¿Cómo puedo hacer realidad este Evangelio en mi vida?
Hoy Jesús te llama, te llama por tu nombre, a ti personalmente. Te llama porque te ama, porque quiere hacerte feliz, porque confía en ti, porque quiere llevar su Evangelio, su consuelo a todas las gentes...
“Habla, Señor, que tu siervo escucha” “Señor, ¿qué quieres de mí?” “Hágase en mí según tu palabra”
Les dio autoridad. A ti te da su misma fuerza, la fuerza de su Espíritu. No vamos a convencer con nuestra sabiduría ni a hacer obras maravillosas con nuestra fuerza. El Señor mostrará su grandeza en la debilidad de los enviados.
“Señor, gracias por la fuerza de tu Espíritu” “Señor, en tu nombre y con tu fuerza iré a donde quieras” “Perdona, Señor, y cura nuestra prepotencia”
Jesús quiere que comiencen la misión en su propia tierra, y que se preocupen especialmente de las ovejas descarriadas. Los conoce y nos conoce bien: a veces nos parece que no se puede hacer nada en nuestra familia, con nuestro grupo de amigos, en los ambientes más cercanos. Sin embargo, al que no evangeliza, al que no da testimonio entre los suyos, ¡qué difícil será que lo haga entre los que están muy lejos!
¿Qué te dice Dios?.... ¿Qué le dices?...
Si nadie acaricia los ojos del paria, ¿cómo dejará de serlo? Si nadie cura las heridas del hombre quebrado, ¿en qué soledad sanarán? Si nadie derriba los cimientos de una ley implacable, ¿hasta cuándo seguirá cerrando puertas y poniendo cadenas? Si nadie profetiza contra los perversos, ¿cuándo cambiará algo? Si nadie se deja guiar por la sed, ¿quién hallará la fuente de agua viva? Si nadie se entrega a tumba abierta, ¿cómo saber que es posible el Amor?
Hace falta Alguien, alguien como tú, o tú de nuevo, en espíritu y verdad. Alguien que acaricie los abandonos; que alivie sufrimientos; que taladre certidumbres y denuncie inconsistencias. Alguien que nos ponga en camino hacia un manantial en el que nuestro deseo de Vida quedará colmado.
Como a los apóstoles, Señor, me has llamado por mi nombre, conoces mi historia mejor que yo mismo, me amas más y mejor que nadie. Y cuentas conmigo, con mi pobreza. Gracias, Señor, por llamarme.
Como a los apóstoles, Señor, me has llamado para estar contigo, para gozar de tu amistad y tu perdón, para aprender tus secretos, para hacerme inmensamente feliz. Gracias, Señor, por amarme.
Como a los apóstoles, Señor, me has llamado para continuar tu misión: me has dado tu fuerza, tu Espíritu, para curar a los enfermos y atormentados, para animar a los que ya no tienen esperanza. Gracias, Señor, por enviarme.
Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza... Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio. Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.
Video Mi equipaje:
Por José M. R. Olaizola, sj. Presentación Lenin Cárdenas.
Me pongo en tus manos, con todo mi equipaje… ¡¡Confío!!
Consultados: Jesuitas, Fray Marcos, J.A.Pagola. Lectio Divina,Rosario Ramos, Oracion Orante, José Luis Sicre.
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