Domingo 17 del Tiempo Ordinario
26 JULIO 2026
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¿Se puede ayudar a una persona a recuperar la esperanza?
¿En qué puede consistir esa ayuda?
¿Qué caminos podemos seguir los que estamos comprometidos en anunciar y contagiar la Buena Noticia de Jesús?
La persona que no tiene esperanza vive su problema como algo negativo. Y su experiencia negativa se puede ir extendiendo poco a poco como una mancha de aceite hasta abarcar todos los aspectos de su vida. Ya no solo es negativo su problema, sino que es toda la persona la que se va haciendo negativa, la que empieza a verlo todo de manera negativa. El problema va invadiendo toda su vida.
¿Qué es lo que necesita esta persona?
Ejercitarse en descubrir lo positivo que hay siempre en las personas, en los acontecimientos y en los problemas. A todos nos resulta más fácil resaltar lo negativo; captar lo positivo exige más esfuerzo y atención. Los evangelizadores necesitamos «positivizar» mucho más nuestra mirada, nuestra escucha y nuestro trato con las personas desesperanzadas.
El evangelista Mateo reúne en este capítulo 13 las parábolas, ejemplos o comparaciones que Jesús utiliza para explicar y entusiasmar CON EL PROYECTO DEL REINO DE DIOS a la gente de aquel tiempo y hoy también a nosotros.
Jesús quiere comunicarnos su experiencia de Dios, esa experiencia que era el centro de su vida y su mensaje, una experiencia que había transformado por entero su vida.
Leamos tranquilamente, sin prisas, el evangelio para descubrir el tesoro escondido en este mensaje que Jesús nos quiere transmitir hoy.
LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN MATEO 13, 44-52
“En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
—«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
—El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
—El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Han entendido todo esto?»
Ellos le contestaron:
—«Sí.»
Él les dijo:
—«Por eso todo escriba que entiende del reino de los cielos es semejante al padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo.»”
Palabra de Dios.
R: Gloria a ti, Señor Jesús.
Jesús se daba cuenta de que la gente estaba acostumbrada a oír hablar de Dios como alguien solo preocupado porque se cumpliera la ley, se respetara el sábado y se hicieran sacrificios en el templo; y si no lo hacían, serían castigados para toda la eternidad. No era un Dios al que se pudiera amar; más bien se le temía.
Y yo, ¿qué idea tengo de Dios? ¿Se parece a la que tenían los judíos hace 2000 años?
La experiencia de Dios que Jesús tenía era muy diferente. Para él, Dios era puro Amor: se sabía y se sentía amado por Él. Su gran descubrimiento fue darse cuenta de que Dios era su Padre-Madre y no solo de él, sino de todos nosotros también. Un Padre-Madre que nos ama siempre gratuitamente, sin condiciones, y que tiene un gran proyecto para este, nuestro mundo: que nos amemos y ayudemos unos a otros.
“El Reino de Dios es Dios actuando con misericordia y perdón. Esta certeza es la que movió a Jesús a salir a los caminos, a encontrarse con los hombres y mujeres necesitados. El Reino de Dios no es un lugar de poder, es una experiencia que nos provoca a salir de nosotros/as mismos/as y buscar en los pliegues de la vida la salvación que el Abbá (Padre) nos ofrece y con la que nos invita a luchar a su lado contra el mal que acecha al ser humano y al mundo en el que vive” (Carmen Soto).
Las dos primeras parábolas son muy parecidas: un hombre encuentra un tesoro escondido y otro encuentra una perla de gran valor; los dos se llenan de alegría y venden todo lo que tienen para lograr tener el tesoro y la perla.
¿Qué nos quiere enseñar Jesús con estas parábolas?
“Algo así sucede con el «reino de Dios» escondido en Jesús, su mensaje y su actuación. Ese Dios resulta tan atractivo, inesperado y sorprendente que quien lo encuentra se siente tocado en lo más hondo de su ser. Ya nada puede ser como antes.
Por primera vez, empezamos a sentir que Dios nos atrae de verdad. No puede haber nada más grande para alentar y orientar la existencia. El “reino de Dios” cambia nuestra forma de ver las cosas. Empezamos a creer en Dios de manera diferente. Ahora sabemos por qué vivir y para qué” (Jesuitas).
¿Cuál es la perla o el tesoro que busco? ¿Ya lo encontré?
¿He descubierto el Reino de Dios como lo que da sentido a mi vida, como el tesoro por el que merece la pena darlo todo a cambio?
¿Qué estoy dispuesto a vender, a dejar, a cambiar por ese tesoro?
Tal vez Dios me mire y vea un tesoro escondido, preguntándose cuándo yo lo descubriré.
No siempre es fácil creer a Jesús. Algunas veces nos sentimos atraídos por sus palabras; otras, por el contrario, nos surgen dudas.
¿Es razonable seguir a Jesús o una locura?
Hoy nos puede suceder lo mismo:
¿Merece la pena comprometerme en su proyecto de humanizar la vida o es más práctico ocuparnos cada uno de nuestro propio bienestar?
Mientras tanto, se me puede pasar la vida sin tomar decisión alguna. Jesús nos cuenta dos pequeñas parábolas para seducir el corazón de aquellos campesinos y el nuestro:
—«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
—El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»
El Reino de Dios está «oculto». Muchos no han descubierto todavía el gran proyecto que tiene Dios de un mundo nuevo. Sin embargo, no es un misterio inaccesible. Está «oculto» en Jesús, en su vida y en su mensaje. Una comunidad cristiana que no ha descubierto el Reino de Dios no sabe para qué ha nacido Jesús.
El descubrimiento del REINO DE DIOS altera la vida de quien lo descubre. Su «alegría» es inconfundible. Ha encontrado lo esencial de la vida, lo mejor de Jesús, el valor que puede cambiar su vida. Si los cristianos no descubrimos el proyecto de Jesús, en la Iglesia no habrá alegría.
Los dos protagonistas de las parábolas toman la misma decisión: «venden todo lo que tienen». Nada es más importante que «buscar el Reino de Dios y su justicia». Todo lo demás viene después, es relativo y debe quedar subordinado al proyecto de Dios.
¿No será esta la decisión más importante que hemos de tomar en la Iglesia y en las comunidades cristianas?
Liberarnos de tantas cosas accidentales y comprometernos en el Reino de Dios. Despojarnos de lo superfluo. Olvidarnos de otros intereses. Saber «perder» para «ganar» en autenticidad. Si lo hacemos, estamos colaborando en la conversión de la Iglesia.
Durante la semana puedo ir a mi lugar especial de oración y disfrutar un rato de oración con mi amigo Jesús y preguntarme:
¿Qué experiencia de Dios comunico?
¿Qué imagen transmito del Padre y de su Reino?
¿Atraigo, con mi manera de tratar a los demás, hacia el Dios revelado por Jesús, o los alejo de su misterio de Bondad?
Terminemos nuestra reflexión cantando:
Dame un Corazón de SALOMÉ ARRICIBITA
Dame un corazón dócil a tu voz,
dame un corazón que abarque el regalo de tu amor,
dame un corazón... un corazón que sea mi mayor tesoro,
un corazón que sepa valorar lo bueno en todos.
Dame un corazón que ilumine la razón,
dame un corazón que ame siempre con pasión,
dame un corazón... un corazón que no se vende los ojos,
un corazón que sepa ponerse en lugar del otro.
HAZ DE MI CORAZÓN EL TUYO,
HAZ DE MI ALMA TU REFUGIO,
DE MIS OJOS TU MIRADA,
DE MIS PALABRAS TU CASA,
DE TU VOLUNTAD CAMINO,
DE TU ABRAZO MI DESTINO,
HAZ MI CORAZÓN TESTIGO
DE TU AMOR AL COMPARTIRLO...
Letra y música: Salomé Arricibita
Voces de Teresa Nécega y Salomé Arricibita
Consultados: Lectura orante, Carmelitas, Espacio Sagrado, Jesuitas, J.A.Pagola, Carmen Soto, Fray Marcos.