Domingo 12º del Tiempo Ordinario
21 JUNIO 2026
Domingo 12º del Tiempo Ordinario
21 JUNIO 2026
¿QUÉ HE HECHO ESTA SEMANA PARA EXTENDER EL REINO DE DIOS? +
En el evangelio de hoy, Jesús repite tres veces “No temas”. El número 3 en la Biblia representa "la totalidad" o "siempre". En el Antiguo Testamento, esta expresión, “No temas”, iba siempre unida a la ayuda de Dios: Él era la causa por la que podían vivir sin temor.
Jesús es consciente de los miedos que amenazan a sus primeros seguidores y de nuestros propios miedos, y nos presenta, a lo largo del texto, tres caminos para que seamos conscientes de la ayuda de Dios.
En primer lugar: Que no tengamos miedo a manifestar la revelación; los discípulos de Jesús tenemos la misión de dar a conocer a todos quién es Dios: Padre-Madre que nos ama incondicionalmente.
En segundo lugar: Que no tengamos miedo a las persecuciones de todo tipo. Cuando Mateo escribió el evangelio, las persecuciones físicas, la tortura y la muerte eran habituales; pero para que los discípulos comprendieran que en medio de las persecuciones estaban en las manos de Abbá, utiliza un recurso habitual en la literatura judía: observar lo que ocurre en la naturaleza y aprender de ella. En este caso nos habla de los pajaritos, pequeños e indefensos, tal como debieron sentirse los primeros cristianos: si Dios cuida a los pajaritos, ¡cuánto más nos cuidará a nosotros!
En tercer lugar: No debemos tener miedo, porque si damos testimonio de Él, Jesús mismo será testigo nuestro ante el Padre. Mateo se dirige a una comunidad misionera, perseguida y con muchas dificultades, donde el miedo a veces los llevaba a la negación de Jesús, al silencio de la Buena Noticia. (La justicia impartida por los tribunales se apoyaba en los testimonios, en quien salía como valedor de los acusados). Por eso Jesús les dice: "No tengan miedo de dar testimonio de mí, porque yo daré testimonio de ustedes ante el Padre".
¿A qué y a quiénes tengo miedo?
¿Adónde me conducen mis miedos?
Cuando me siento frágil, débil:
¿A quién recurro? ¿En quién pongo mi confianza?
Hagamos una lectura atenta, pausada y reflexiva, tratando de descubrir el mensaje que el evangelista quiso transmitir a su comunidad y que hoy nos transmite a nosotros.
LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN MATEO 10, 26-33
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres”.
Palabra de Dios
R: Gloria a ti, Señor Jesús
Hacemos un momento de silencio para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.
¡NO TEMAN! Es la palabra clave que, repetida tres veces, da unidad al pasaje. La fe inquebrantable que los discípulos han de tener en Dios, a quien reconocen e invocan como Padre. El cuidado de este Padre llega hasta extremos insospechados. Jesús recurre a una comparación muy elocuente: si el Padre cuida hasta de los pájaros más pequeños e insignificantes y tiene contados hasta los cabellos de los discípulos (por los que ni ellos mismos se preocupan), la certeza de ser hijos e hijas de Dios fundamenta la misión y hace que esta no se detenga ante las dificultades.
Dios Padre, Tú me has creado a tu imagen y semejanza, Tú tienes contado cada cabello de mi cabeza. Tú conoces todas mis preocupaciones y me acompañas en el viaje de la vida. Ayúdame a reconocer tu Presencia y a no tener miedo, porque Tú estás siempre conmigo.
¿Tengo miedo? ¿De qué? ¿Por qué?
¿Qué dificultades sobrevienen cuando una comunidad se toma en serio el anuncio del Evangelio?
¿He sufrido en mi vida alguna forma de persecución por causa de Jesús?
¿Temo al qué dirán?
¿Qué germen de cobardía descubro en mí como discípulo o discípula?
Reflexión de Fray Marcos
“La confianza es la primera consecuencia de salir de uno mismo y descubrir que mi fundamento no depende de mí. El hecho de que mi ser no dependa de mí no es una pérdida, sino una ganancia, porque depende de lo que es mucho más seguro que yo mismo. Mi pasado es Dios mismo, mi futuro es también Dios; mi presente está en manos de Dios y no tengo nada que temer.
Sólo el afán de seguridades y de controlar mi propio ser es el que me mete por ese callejón sin salida que es la zozobra, el malestar, la inseguridad; en una palabra, el miedo. Todos los miedos son causa de la ignorancia. Si conociéramos nuestro verdadero ser, no habría lugar para el miedo que nos impide ser nosotros mismos. Se trata de descubrir que Dios es el fundamento de mi propio ser y que puedo estar tan seguro de mí mismo como Dios está seguro de sí. Confiar en Dios no es esperar su intervención desde fuera para que rectifique la creación. Es entrar en la dinámica de la creación y no violentarla.
¡No tengas miedo! Si analizas detenidamente tus miedos, descubrirás dos cosas: que no has hecho tuya la salvación que Jesús te ofrece y que sigues buscando la salvación donde no está.
Si has conseguido no temer a los hombres, pero sigues temiendo a Dios, en vez de avanzar en tu liberación, te has metido por un callejón oscuro y sin salida.
Jesús deja muy claro en el evangelio que no debes temer a nada ni a nadie. Ni a los hombres, ni a Dios, ni a ti mismo. Esto último es lo más difícil, porque supone un desapego total.
No sigas pensando que tienes que ser bueno para alcanzar la salvación. Tienes que sentirte ya salvado para ser mejor”. (Fray Marcos)
Te invito a hacer un rato de oración; Dios quiere estar con nosotros, también en este tiempo, porque nos cuida y nos recibe en sus brazos a todos los que estamos “CANSADOS Y AGOBIADOS” para que en Él encontremos nuestro descanso.
Nos llama, nos insiste: “VENGAN A MÍ”. Me pide que esté con Él y en Él; me da refugio para el descanso. Tiene un sitio para cada uno de nosotros y a cada uno nos recibe en sus brazos con una mirada especial. Me detengo un momento y me siento abrazado(a) por el Padre, rodeado(a) de su enorme amor desinteresado.
¿Adónde me lleva tanto amor?
¿Qué brota dentro de mí?
¿A qué me invita?
La forma que Dios me ofrece para descansar es simplemente amándome. Su amor es incondicional; no me ama más en unos momentos que en otros, no me pone condiciones. Ese amor sin condiciones supone un verdadero descanso para mi alma; me comprende, se acerca a mi vida y me provoca alegría y descanso. Me cuida.
También poner las experiencias en tus manos me traerá descanso. Me invitas a ocuparme de tus cosas y de los demás, porque Tú me darás esa paz que tanto anhelo. Me invitas a ver que no todo depende de mi trabajo y mi esfuerzo, sino que poniéndolo en tus manos podré tener la certeza de que tu apoyo de Padre me cubre. Si confío de verdad en ti, llegará la paz verdadera y afrontaré la dificultad con otra serenidad. Y así, quizá también yo pueda ser descanso para otros, y ofrecer consuelo a quien me rodea a la manera de Jesús: con el silencio, la solidaridad, caminando con el otro en su sendero...
Salmo del abandono
Quiero, Señor, en tus manos grandes,
dejarme moldear como arcilla cremosa,
dejarme abandonar en el amor.
Haz, Señor, que en este día
sienta que tú eres mi fortaleza,
mi refugio en los momentos de peligro.
Quiero vivir como un niño en brazos de su madre.
Cobijado como el polluelo
bajo las alas de su madre.
Déjame, Señor, que de verdad crea
que tú eres mi Padre,
que me cuidas más que al pájaro y la rosa.
Déjame acurrucarme en la noche,
en la ternura de tu inmenso cariño.
Ahora que todo parece una encerrona,
descúbreme que tú eres mi salida,
mi marcha sin retorno,
lo mejor que me ha ocurrido en mi vida.
Quiero dejarme en medio de la tarde que cae,
sintiéndome libre como el pájaro
que vuelve al nido.
Quiero dejarme en tus manos,
abandonado de todas las preocupaciones,
con el gozo de que tú me sostienes,
comiendo en la mesa de tu trigo.
Quiero abandonarme, pues sé que tú no fallas,
eres la fidelidad a la cita,
el gozo en medio del llanto,
la paz cuando están cayendo las bombas,
la alegría que nadie me podrá arrebatar.
Tú eres mi confianza, pues todo lo que me ocurre
sé que está pesado en la balanza del amor.
Amén.
Terminemos nuestra reflexión con este canto:
Brasas - de Salomé Arricibita
Consultados:
Espacio Sagrado, Jesuitas, Lectura Orante, Guadalupe Labrador, Fray Marcos, J.A.Pagola, Lectio Divina.
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